Dec 28, 2025
Por: Marcos

Género: male

Valeria Sara y mi tía Laura: El verano que me enseñaron todo

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Marcos acababa de cumplir 18 y el verano de 2002 se le presentaba eterno y aburrido. Su madre trabajaba todo el día, así que pasaba las tardes en casa de su tía Laura, que tenía una boutique de ropa en el centro del barrio. Laura era la típica tía sexy que todo sobrino fantasea: 36 años, pelo castaño largo, curvas generosas, siempre con blusas escotadas y faldas ajustadas de los 2000s (estilo Jennifer López en la época).

Todo empezó inocente. Marcos ayudaba en la tienda los fines de semana. Un sábado por la tarde, Valeria, la capitana de las animadoras, entró a probarse un conjunto para la fiesta de fin de curso. Llevaba el uniforme de cheerleader debajo (falda plisada corta, top ajustado). Marcos la vio desde el fondo y sintió cómo se le ponía dura al instante. Valeria lo miró con esa sonrisa de superioridad: “¿Qué miras, primo? ¿Quieres ser mi fotógrafo personal?”

Laura, que estaba en el mostrador, se dio cuenta de la tensión. Cuando Valeria entró al probador, Laura le susurró a Marcos: “Ve a ayudarla con la cremallera, que se le atasca a veces”. Marcos entró nervioso. Valeria estaba de espaldas, con el top subido, dejando ver el sujetador deportivo. “Cierra la cortina y ayúdame, tonto”, le dijo. Marcos obedeció. Mientras subía la cremallera de la falda nueva, sus manos rozaron la piel caliente de la cintura. Valeria giró, lo miró a los ojos y le dijo: “¿Te gusta lo que ves?” Sin esperar respuesta, lo besó con fuerza, metiéndole la lengua. En menos de un minuto estaban en el suelo del probador, ella encima, montándolo con el uniforme de cheerleader todavía puesto, la falda subida y el tanga a un lado. Marcos la penetró con furia, agarrándola por las caderas mientras ella gemía bajito para no alertar a los clientes. Terminaron rápido, sudorosos, con el semen de él chorreando por los muslos de Valeria. Ella se limpió con una toallita, le guiñó el ojo y salió como si nada.

Pero eso fue solo el comienzo.

Días después, Sara, la antigua babysitter del barrio (ahora 19, estudiando enfermería), vino a la boutique a comprar lencería. Sara siempre había sido la fantasía adolescente de Marcos: morena, tetas grandes, sonrisa dulce pero mirada traviesa. Laura la reconoció al instante: “¡Sara! ¿Todavía cuidas niños?” Sara rio: “Ahora cuido adultos”. Mientras probaba un conjunto de encaje negro, Marcos entró “por casualidad”. Sara lo vio y se mordió el labio: “¿Sigues siendo el niño malo que espiaba cuando me cambiaba?” Lo arrastró al probador grande, cerró la cortina y le bajó los pantalones. Se arrodilló y le hizo una mamada profunda, mirándolo a los ojos mientras tragaba todo. Luego se puso de espaldas, apoyada en la pared, y le dijo: “Fóllame como siempre quisiste”. Marcos la penetró con fuerza, agarrándole las tetas por debajo del sujetador nuevo. Sara gemía fuerte, pero la música de la tienda tapaba el ruido. Terminaron con él corriéndose dentro, y Sara susurrando: “Esto es nuestro secreto… por ahora”.

La tía Laura lo descubrió todo. Una noche, mientras Marcos estaba solo en la tienda haciendo inventario, Laura cerró la puerta y apagó las luces principales. Se acercó con una falda lápiz y blusa blanca desabotonada. “¿Crees que no sé lo que haces con mis clientas?” le dijo con voz ronca. Lo empujó contra el mostrador, se subió la falda y se sentó encima de él. “Tu tía te va a enseñar lo que es una mujer de verdad”. Lo montó con brutalidad, clavándole las uñas en la espalda, mientras le susurraba cosas prohibidas: “Siempre supe que me mirabas… ahora me tienes”. Marcos la folló sobre el mostrador, luego en el suelo, y finalmente en el probador, donde ella se puso de rodillas y le pidió que le corriera en la cara. Laura tragó todo y le dijo: “Esto no termina aquí. Quiero más… y tú también”.

El verano se convirtió en una espiral de placer prohibido. Marcos follaba a Valeria en el vestuario del gimnasio después de los entrenamientos de cheerleader (ella lo llamaba “su trofeo secreto”). Con Sara en el parque por las noches, en el coche, o en su casa cuando los padres no estaban. Con Laura en la tienda, en el almacén, en su casa… a veces los tres juntos en sesiones secretas.

El clímax llegó en agosto, en una fiesta privada en casa de Laura. Valeria y Sara aparecieron “por casualidad”. Las tres mujeres, vestidas con ropa provocativa de los 2000s (tops cortos, minifaldas, jeans ajustados), terminaron en la habitación de Laura. Marcos las tuvo a las tres: una encima, otra chupando, la tercera masturbándose mientras miraba. Fue una noche de sudor, gemidos, posiciones imposibles y corridas interminables. Al amanecer, exhaustos, las cuatro cuerpos desnudos en la cama, Laura susurró: “Este verano nunca terminó… y no va a terminar”.

Marcos volvió al instituto en septiembre, pero el secreto siguió vivo. Cada vez que veía a Valeria en el pasillo con el uniforme de cheerleader, a Sara en el barrio, o a Laura en la tienda… sabía que el juego continuaba.

Publicado el Dec 28, 2025

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