Gender: female
¡La lujuria feroz de los salvajes!

¡Hola a todos! Soy Susy Gala aquí, tu chica española que no se corta un pelo contando fantasías salvajes. Hoy os traigo una historia erótica sobre los orígenes de la humanidad: instintos puros, placer animal y reproducción sin límites. Imaginaos un bosque virgen de la antigua península ibérica, cuevas cálidas y cuerpos desnudos bajo el sol. Yo, con mi figura curvilínea –alta, pechos grandes y firmes, cintura estrecha y caderas anchas que llaman al roce–, os lo cuento como si estuviera allí, en pelotas y lista para todo.
Todo empezó con el mono: de ahí venimos, somos animales en el fondo. En esa era primitiva, una familia vivía en una cueva o choza de ramas, siempre desnudos. La prioridad era sobrevivir: cazar, recolectar frutas y carne. El padre era el líder fuerte, como un león; salía con lanzas a traer presas. La madre le ayudaba y repartía la comida.
La familia: padres + tres hijos. Dos hijas y un hijo. El hijo de 20 años, fuerte y con polla grande; la hija mayor de 19, curvas ya formadas y vientre fértil; la menor de 13, curiosa e inocente. Todos altos, piel morena, cuerpos robustos: hombres hasta 2,40 m, pollas de 30 cm, coños anchos y profundos para partos fáciles.
El padre vigilaba de noche contra tigres y serpientes. Al anochecer, follaba a la madre en la cueva; los hijos miraban y aprendían. A veces se acercaban, tocaban y jugaban mientras los padres gemían como bestias. La madre paría casi cada año; muchos bebés morían devorados. Ahora solo quedaban cinco.
Cuando el padre cazaba, follaba a la hija mayor en su coño húmedo. La madre lo veía y callaba; era natural. Cuando el padre no estaba, el hijo follaba a la madre –ella gemía suave, pero si el padre lo pillaba, se enfadaba (aunque a veces lo toleraba).
Los pechos de la madre siempre llenos de leche, enormes como cocos, pezones grandes y oscuros. Todos mamaban: padre, hijo e hijas. El hijo, desde pequeño, follaba a la hermana menor sin reproches; era cariño. Luego a la mediana, cuyo vientre crecía –quizá con hijo suyo.
Siempre que una polla se endurecía o un coño picaba, follaban sin más. La madre lamía pollas y coños de todos, como hembras animales limpian a su grupo. El hijo eyaculaba en su boca; las hermanas chupaban su polla. La menor mamaba la del padre mientras él la mimaba con dulzura.
El amor familiar se mezclaba con sexo para reproducirse y unir lazos. Rechazaban forasteros; solo entre ellos follaban para crecer la tribu.
Eran altos, piel oscura, imponentes. Las mujeres tenían coños amplios para parir sin drama –no como ahora, donde muchas sufren por coños estrechos. Por eso os digo: meted polla, abrid bien, dilatad con placer para que la vida sea fácil. Pechos como melones, leche grasa y nutritiva. Vivían hasta 200 años comiendo carne cruda.
No conocían besos; solo sexo animal. Tras mucha carne, al día siguiente follaban sin parar: madre con padre e hijo, horas enteras. Si un bebé moría, mamaban la leche sobrante; las hijas chupaban pezones grandes y sacaban chorros espesos.
La madre gemía como fiera cuando el padre la follaba profundo con su polla gigante, dos horas seguidas, eyaculando muchas veces como toro. Ella era la reina del placer, la que más gozaba y la que incitaba a reproducirse.
Un día, el coño de la madre ardía de ganas. El padre no estaba; solo las hijas. Fue a una cueva vecina y encontró a un salvaje del clan vecino. Él la puso a cuatro patas y la folló duro. Pero llamó a tres compañeros: cuatro hombres en total.
Ella, con pechos enormes y curvas potentes, se entregó. Uno tras otro la penetraron: chupaba pollas, la follaban por detrás, uno en culo mientras otra en boca. Gritaba de placer salvaje.
El padre oyó y corrió a salvarla, pero lo golpearon y huyó. La madre quedó con ellos. Los cuatro mamaban sus pechos, bebían leche mientras la follaban sin parar.
En clanes sin mujeres, ella recibía todo: comida, protección... pero debía reproducirse. Aquí había cuatro pollas grandes; el padre ya no competía. Decidió quedarse: la follaban cuando querían, mamaban su leche, comía carne abundante.
Para digerir la carne, la follaban profundo –la polla en coño ayudaba a asentar el alimento. Aprendió a dar placer a tres a la vez: uno en coño (ella montada), otro en culo, el tercero en boca. Tres agujeros llenos, follada como bestia, gemidos feroces. Uno eyaculaba en su boca (tragaba), otro en coño (la llenaba), el tercero cambiaba y eyaculaba más.