Gender: male
El Hijo que Compartió a su Madre – con Amigos

¡Hola a todos! Esta es una historia real que viví con mi madre Carmen. Tiene 39 años, pero parece de 28-30: hace yoga diario en nuestro piso de Lavapiés, Madrid. Cuerpo firme, piel blanca, tetas grandes y redondas, cintura estrecha, muslos gruesos que te ponen duro al mirarlos. Mi padre está en Dubái, así que vivimos solos. Yo estudio primero de carrera en la Complutense.
Un día volví temprano de la uni. Puerta cerrada, llamé, nada. Salté la verja y entré por detrás. Miré por la ventana de su habitación: desnuda en la cama, auriculares puestos, masturbándose fuerte con la mano en el coño. Me quedé helado, pero mi polla se puso como piedra. Me fui y volví fingiendo llegar normal.
No pude olvidarlo: sus tetas, muslos, coño con vello... Decidí follármela para que disfrutáramos los dos.
Intenté directo: rozones "accidentales", mostrar polla. Nada, no reaccionaba. No tenía deseo por su hijo.
Compré SIM secundaria y chateé fingiendo ser otro: “Hola, tu amiga me dio tu número. Dudo en yoga, dice que eres pro”. Respondió y empezamos a hablar diario. Al tercer día llamé con voz cambiada. Dobles sentidos. Ella: “¿Por qué hablas así?”. Yo: “No digo malo”. Rió: “Tienes edad de mi hijo”. Yo: “¿Y? Eres preciosa”.
Me hice su confidente. Hablamos sexo: “Marido lejos, es duro”. Yo: “¿No hay hombres aquí?”. Ella: “No me interesa”. Yo: “Con esa belleza… Si fuera tu marido, te follaba diario”. Cortó. Espié: se masturbaba furiosa. Me animé.
Le pedí nudes. No quiso al principio. Al día siguiente mandó uno con cara tapada: axilas peludas, pezones duros, coño oscuro precioso. Me pajee toda la noche.
Le mandé mi polla. “Solo amigos, secreto”. Acepté. Pidió video, excusas mías.
Le dije: “¿Te gusta tu hijo? Prueba con él”. Se enfadó. Entendí: nunca directo.
Dos meses después propuso vernos. “Estoy lejos”, pospuse.
En uni, amigos Pablo y Luis hablaban de maduritas. Les mostré su nude: “Tengo esta pillada, ¿la follamos?”. Dudaron, pero sí.
La invité a “fiesta cultural uni”. “Mi hijo estará”. “Nadie sospechará”. Aceptó.
Llegó sexy: blusa sin mangas, sari bajo ombligo, labios rojos. La guié a azotea sin cámaras, manta lista.
Llamé: “Traigo dos amigos para follarte bien”. Corté. Ella protestó. Di señal: la abrazaron por detrás.
Uno tiró sari, amasó tetas. “¡Soltadme!”. Subieron ascensor. Yo por escaleras. Sari en suelo, blusa y sujetador fuera. Falda arriba: sin bragas, coño depilado brillando.
“¿Viniste sin bragas para follar?”. “Por favor…”. “Tu coño chorrea”. Uno lamió coño, otro chupó tetas. Ella gemía, acariciaba cabezas.
Se arrodilló, chupó pollas alternando, tragó semen, untado en tetas.
Uno culo, otro coño. Follaron 10 min, corriéndose dentro.
Intentó vestirse, otra ronda hasta agotarse. Blusa rota.
Llegué yo. “¡Ay no!”. Tapó tetas. “Soy yo el que hablaba. Te vi masturbarte, quise ayudarte”.
Shock. Se vistió, silencio hasta casa. Lloró encerrada.
Pedí perdón dos semanas. Nada de charla.
Un día la pillé masturbándose. Entré desnudo. No dijo no. Toqué su cuerpo. Besé boca, quité ropa, chupé tetas fuerte. “Ahh, sí…”. Lamí todo. Polla en boca, follé garganta.
Tras 30 min juegos, intenté penetrar. “No”. Paré, dedos y lengua hasta corrérseme.
Desde entonces: oral, manual frecuente. No penetración.
A veces Pablo y Luis follan su coño, yo miro o toco. No saben es mi madre.
Una noche, tras orgasmo brutal: “Vale, hijo… fóllame de verdad”. La penetré lento, calor apretado. Follé fuerte, corrí dentro. Lloró placer: “Te quiero, Diego. Secreto siempre”.
Ahora follamos diario: cama, ducha, cocina. A veces con amigos, controlo yo. Padre ignora. Yoga desnuda conmigo acaba en sexo. Felices, sin remordimientos.