Dec 27, 2025
By: Laura

Gender: female

La Vecina Argentina del Cuarto Piso: La Adicción Que Empezó en el Ascensor

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Me llamo Javier, tengo 31 años, vivo en Barcelona, en un edificio viejo del barrio del Born. Trabajo como mecánico en un taller, vida normal: gimnasio, cervezas con amigos los viernes, y mi novia Laura desde hace cuatro años. Ella es guapa, cariñosa, pero el sexo se había vuelto mecánico: una vez por semana, siempre igual, sin pasión.

Todo cambió el miércoles 15 de octubre de 2025. Era un día de lluvia fuerte, yo llegué del taller empapado. En el ascensor coincidí con la nueva vecina del 4º, Martina. 29 años, argentina, pelo negro largo, ojos oscuros, cuerpo curvilíneo, tatuajes en los brazos y un piercing en la lengua que se notaba cuando hablaba. Se acababa de mudar sola, dijo que era fotógrafa freelance. Olía a vainilla y a algo prohibido.

Subimos en silencio, pero ella rompió el hielo: “¿Siempre llegas así de mojado?” Sonreí. “Solo cuando llueve.” Ella rió y dijo: “Si quieres secarte, pasa por mi casa, te presto una toalla.” Acepté sin pensar.

Entramos. Su piso estaba desordenado: fotos en las paredes, cámara en el trípode, ropa tirada. Me dio una toalla, pero en vez de secarme la cara, se acercó y me besó. Lengua con piercing, fría y caliente al mismo tiempo. Intenté apartarme: “Tengo novia…” Ella susurró: “No te estoy pidiendo matrimonio, solo quiero follarte.”

No pude resistir. La empujé contra la pared del pasillo, le arranqué la camiseta. Pechos grandes, naturales, pezones oscuros y duros. Los chupé con fuerza, mordiendo. Ella gimió: “Ayyy… sí… muerde más fuerte…” Bajé los pantalones, le quité las bragas de un tirón. Coño depilado, ya mojado. Metí dos dedos, frotando rápido el clítoris. “Estás empapada, puta… querías esto desde el ascensor.” Ella gritaba: “Sí… fóllame… mételos todos…”

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La llevé al sofá, la puse de rodillas. Saqué la polla, dura como piedra. “Chúpala.” La metió entera, con el piercing rozando la cabeza. Me folló la boca, babeando, hasta la garganta. “Traga, zorra… toma toda.” La saqué, la puse de cuatro en el sofá. Escupí en su culo. “¿Lo quieres por detrás también?” Asintió. Forcé la cabeza. Dolor en su cara: “Ayyy… despacio… me estás rompiendo…” Pero empujé hasta el fondo. Follé su culo con violencia, tirando del pelo, dando nalgadas hasta dejarlas rojas. “Grita… que se oiga en todo el edificio.”

Me vine dentro de su culo, llenándola de leche caliente. Ella se corrió al mismo tiempo, temblando, apretando. Nos quedamos jadeando. Después me limpió la polla con la lengua, lamiendo cada gota.

Desde ese día, Martina se convirtió en mi adicción. Nos vemos casi todos los días: en su casa cuando Laura trabaja, en el taller cuando ella viene a “revisar el coche”, en el ascensor a escondidas. La follo en todas las posiciones, le dejo marcas en los pechos, en la garganta, en el culo. Laura no sospecha nada. O tal vez sí, pero no dice nada.

Ahora vivo dos vidas. Y no sé cuál me gusta más.

Published on Dec 27, 2025

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